Educación transformadora: propuestas para garantizar trayectorias formativas con sentido desde el territorio | Marta Cid, Carme Martinez-Roca y Hungria Panadero
¿Cómo evitar que los jóvenes abandonen sus estudios? El éxito no depende solo de la oferta académica, sino de nuestra capacidad para conectar los recursos del territorio con las necesidades vitales de las personas. A través de la experiencia sobre el terreno, exploramos cómo convertir los servicios locales en políticas comunitarias que realmente orienten, incluyan y abran espacios de futuro para toda la ciudadanía.
El reto de la formación actual: ¿Por qué fallan los recursos educativos?
En un contexto de creciente diversificación de las trayectorias educativas, determinados proyectos y recursos se vuelven clave para garantizar el derecho a la educación, al dar respuesta a necesidades cada vez más heterogéneas. Más allá de la escuela y de las etapas obligatorias, aumenta el número de personas que buscan oportunidades para retomar estudios, reorientarse profesionalmente o adquirir competencias para desenvolverse en una sociedad en transformación.
Sin embargo, muchos de estos recursos están infrautilizados, desconectados de las necesidades del territorio, son poco flexibles y resultan poco visibles para quienes más podrían beneficiarse. El abandono educativo prematuro, la desmotivación juvenil, las barreras de movilidad o la falta de orientación personalizada son algunos de los obstáculos que dificultan el acceso y la continuidad educativa.
Este artículo parte de la experiencia y de reflexiones compartidas para proponer una mirada renovada sobre las oportunidades educativas y el diseño —o rediseño— de proyectos con impacto real.
Se trata de una mirada que integra la perspectiva de género, la inclusión y una aproximación crítica a la digitalización, y que sitúa el trabajo comunitario en el centro. Apuesta, además, por una estrategia territorial capaz de conectar educación, empleo y desarrollo local.
La mejora de la acción orientadora se plantea como eje estructurador de los recursos. En paralelo, se hace evidente la necesidad de un cambio de paradigma: superar las respuestas fragmentadas del sistema y avanzar hacia una orientación educativa integral y comunitaria.
¿Qué nos dice la experiencia?
La experiencia acumulada a lo largo de los años en políticas educativas advierte, de forma cada vez más clara, de la necesidad de una mirada más amplia para transformar la formación en sentido amplio. Es necesaria una estrategia que conecte educación, empleo y comunidad, y que sitúe a las personas jóvenes en el centro del proceso formativo desde los entornos locales.
A partir de reflexiones compartidas, hemos identificado tres grandes bloques de retos:
Perfiles en cambio: Más diversidad y nuevas vulnerabilidades
- Cambios en los perfiles de los demandantes (o posibles demandantes): más jóvenes, más diversidad, más heterogeneidad en las situaciones de vulnerabilidad.
- Dificultades de acceso, movilidad y visibilidad.
- Elevada tasa de abandono en algunos recursos.
- Desigualdades de acceso por razón de género, origen, situación socioeconómica o territorio, entre otros.
- Brecha digital que limita tanto el acceso a los recursos como la participación.
El problema de la oferta: Recursos invisibles o desconectados del mercado
- Baja visibilidad de los recursos y desconocimiento de la oferta por parte de la población (diana) y de los y las profesionales que trabajan con la población diana.
- Bajo reconocimiento social de estos recursos.
- Infrautilización de algunos recurso.
- Desconexión de esta oferta con las necesidades reales de la población diana y del territorio.
- Falta de coordinación entre recursos.
- Falta de orientación personalizada y continuada.
- Limitaciones en las estrategias específicas para llegar a jóvenes en riesgo o en abandono educativo prematuro.
Retos estructurales: Movilidad y falta de coordinación
- Desconexión entre la oferta educativa y las necesidades laborales del territorio, especialmente en sectores emergentes.
- Oferta poco orientada a la empleabilidad, con escasa presencia de certificados de profesionalidad o formación práctica.
- Dificultades de movilidad que limitan el acceso a la formación.
Hacia un modelo de «Nuevas Oportunidades Vitales”: Más allá de las aulas
Ante la complejidad creciente de las trayectorias no solo educativas, sino también laborales y personales, hay que repensar el papel de los recursos. Ya no basta con ofrecer cursos reglados o formación básica: hay que construir espacios flexibles, inclusivos y orientados a las necesidades reales tanto de las personas como del territorio.
El modelo debería transformar los recursos en puntos de conexión entre educación, empleo y comunidad. Esto implica:
- Ampliar la oferta formativa con itinerarios modulares, certificados de profesionalidad y formación práctica vinculada al tejido productivo local.
- Instruir los recursos hacia las fortalezas de los colectivos en situación de vulnerabilidad, atendiendo a la interseccionalidad de las desigualdades.
- Incorporar la orientación y el acompañamiento personalizado como eje central, con figuras de referencia que guíen en su proyecto vital.
- Establecer alianzas con empresas, servicios sociales y entidades locales para promover que la formación tenga una proyección real.
Este enfoque no es solo una propuesta pedagógica, sino una apuesta por la justicia social y la cohesión comunitaria. Cuando un recurso se convierte en un espacio de nuevas oportunidades, puede transformar vidas, barrios y territorios.
5 Estrategias clave para transformar la formación local
Para que los recursos se conviertan en verdaderos espacios de nuevas oportunidades, hacen falta cambios estructurales y culturales. Se proponen cinco orientaciones clave que pueden guiar esta transformación:
- Ofrecer una formación inclusiva y orientada: Los recursos deben responder a las necesidades reales del territorio y de sus habitantes. Ello implica incorporar formaciones que tengan una salida laboral clara, como certificados de profesionalidad, formación en competencias digitales o cursos vinculados a sectores con demanda local. Ejemplo: Un curso de gestión administrativa con prácticas en empresas locales puede ser mucho más atractivo para jóvenes que un itinerario puramente académico.
- Desplegar una oferta flexible y descentralizada: La formación debe adaptarse a las condiciones de vida de las personas jóvenes: horarios, cargas personales, dificultades de movilidad. Hay que ofrecer formación en diferentes formatos y acercarla a los barrios y municipios. Ejemplo: Organizar talleres de informática básica en bibliotecas municipales o espacios jóvenes, con horarios de tarde.
- Impulsar el trabajo en red con agentes locales: Los recursos no pueden actuar de manera aislada. Hay que establecer alianzas con servicios sociales, juventud, empleo, educación, entidades del tercer sector y empresas. El trabajo en red permite detectar necesidades, evitar duplicaciones y construir itinerarios formativos con sentido. Ejemplo: Un proyecto compartido entre el CFA y el Servicio de Empleo Local puede facilitar la transición formación-trabajo.
- Mejorar la comunicación y visibilidad de los recursos: Muchas personas desconocen la existencia de estos recursos o no saben qué se puede hacer. Hay que desplegar estrategias de comunicación claras, próximas y adaptadas a los diferentes públicos, utilizando redes sociales, presencia en los institutos, campañas comunitarias y testimonios reales. Ejemplo: Crear vídeos breves con exalumnos explicando cómo la formación les ha ayudado a encontrar trabajo o retomar estudios y visibilizar los itinerarios «no lineales».
- Reforzar el acompañamiento personalizado: La orientación educativa debe ser integral, continuada y adaptada a cada persona. Hay que incorporar figuras de referencia que acompañen a las personas jóvenes (tengan la condición de alumno o no) en su proceso formativo, emocional y vocacional, especialmente en casos de desconexión o vulnerabilidad. Ejemplo: Un tutor/a que acompaña a un joven en riesgo de abandono, ayudándolo a definir un proyecto vital y formativo.
La hoja de ruta territorial: 4 pilares para conectar educación y empleo
Para que el desarrollo de los recursos sea realmente transformador, es necesario que se inserten en una estrategia territorial compartida. Esta estrategia debe conectar las políticas educativas con las sociales, laborales y comunitarias, y debe tener como base cuatro ejes fundamentales:
- Conexión con el tejido productivo del territorio: La formación debe responder a las oportunidades laborales reales del territorio. Esto implica identificar los sectores con demanda y diseñar formaciones que faciliten la inserción laboral. Ejemplo: Ofrecer certificados de profesionalidad en colaboración con empresas locales y el Servicio de Empleo Municipal.
- Orientación y acompañamiento personalizado y continuado: La orientación educativa no puede ser un momento puntual, sino un proceso continuado. Hay que facilitar que cada persona disponga de un apoyo adaptado a sus necesidades, intereses y contexto vital. Ejemplo: Incorporar tutores/as de referencia que acompañen en todo su itinerario formativo, con especial atención a las personas jóvenes en riesgo de abandono.
- Territorialidad y proximidad: Los recursos deben estar cerca de las personas. Esto quiere decir descentralizar la oferta formativa, acercarla a los barrios y municipios, y adaptarla a los horarios y condiciones de vida. Ejemplo: Crear aulas satélite de los recursos de nuevas oportunidades en equipamientos municipales como bibliotecas, espacios jóvenes o centros cívicos.
- Alianzas, proyección comunitaria e internacional: Ningún centro puede transformarse solo. Hay que tejer alianzas con servicios sociales, juventud, cultura, empleo, entidades del tercer sector y empresas. También es clave abrirse a proyectos europeos y a redes supramunicipales. Ejemplo: Participar en programas Erasmus+ o en redes como Educación 360 para compartir buenas prácticas y acceder a recursos.
Educación inclusiva: una mirada desde el género y la interseccionalidad
Los recursos y la orientación no pueden ser neutros. Las desigualdades de género, origen, situación socioeconómica o funcional atraviesan las trayectorias educativas y condicionan las oportunidades reales de acceso, permanencia y éxito. Por ello, cualquier estrategia territorial debe incorporar una mirada inclusiva, interseccional y transformadora.
Tanto los recursos como la orientación deben garantizar equidad, no discriminación y bienestar emocional. Esta mirada se puede traducir en acciones concretas en los territorios:
- Revisar los sesgos en la orientación educativa, especialmente en relación con las mujeres, las personas migradas y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
- Incorporar la coeducación como eje transversal en las acciones formativas y orientadoras.
- Facilitar la participación activa tanto de jóvenes como de familias, especialmente en contextos de riesgo o desconexión.
- Promover figuras referentes entre iguales, como mentorías peer to peer, que generen vínculos y confianza.
- Adaptar metodologías y contenidos a la diversidad de perfiles.
Ejemplo: Un recurso de nuevas oportunidades que ofrece itinerarios formativos adaptados para mujeres con cargas familiares, con horarios flexibles y apoyo emocional, puede marcar la diferencia en su continuidad educativa.
La verdadera inclusión va más allá del acceso: implica asegurar que cada persona pueda estar presente, participar activamente y progresar en su camino. Y esto es posible cuando ponemos a las personas en el centro, reconocemos sus realidades y construimos entornos educativos que las acojan y las empoderen.
Digitalización crítica: evitando que la tecnología cree nuevas brechas
La transformación digital ha llegado también a la educación, pero no siempre de manera equitativa ni reflexiva. Es una evidencia que la brecha digital existente entre territorios, perfiles sociales y generaciones interesecciona con el resto de desigualdades. En muchos casos, la digitalización se ha convertido en una barrera más que en una oportunidad.
Por ello, es necesario impulsar una digitalización crítica, inclusiva y comunitaria, que no reproduzca desigualdades, sino que las combata. Esto implica:
- Garantizar el acceso universal a dispositivos, conexión y espacios digitales.
- Promover la alfabetización y el acompañamiento digital como competencia básica, no sólo técnica, sino también ética y social.
- Utilizar herramientas digitales para mejorar la orientación educativa, el seguimiento personalizado y la participación del alumnado.
- Evitar la dependencia de plataformas privadas, apostando por software libre y soberanía de datos.
- Formar a los profesionales en competencias digitales con mirada crítica.
Ejemplo: Un recurso que ofrece formación en competencias digitales básicas con apoyo presencial, conexión gratuita y tutorías personalizadas puede facilitar el acceso a la formación en línea, pero también capacitar críticamente al alumnado.
En lugar de ver la tecnología como un fin en sí mismo, debemos entender la digitalización como una herramienta pedagógica sujeta a decisiones políticas claras. Y hay que hacerla desde el territorio, con criterios de equidad, participación y justicia social.
La orientación como motor comunitario: el papel de los municipios
La orientación educativa ya no puede ser entendida como una acción puntual dentro de la escuela. Debe ser una política pública comunitaria, compartida entre centros educativos, servicios municipales, entidades sociales y agentes del territorio. Los territorios deben convertirse en actores clave en el acompañamiento educativo.
Los municipios, como administraciones de proximidad, tienen una capacidad única para detectar necesidades, conectar servicios y construir itinerarios con sentido. Esto implica:
- Integrar la orientación educativa en las políticas municipales, especialmente en ámbitos como juventud, empleo, salud, servicios sociales y cultura.
- Crear espacios municipales de orientación abiertos a toda la ciudadanía, con profesionales formados y acciones comunitarias.
- Promover y participar activamente en redes territoriales para prevenir el abandono escolar y facilitar la reincorporación educativa.
- Establecer protocolos de coordinación, derivación y seguimiento entre servicios municipales y centros educativos.
- Impulsar acciones de orientación a lo largo de la vida, incluyendo formación ocupacional, reorientación profesional y apoyo emocional.
Ejemplo: Un ayuntamiento que coordina acciones entre el Servicio de Empleo, el Espacio Joven y Servicios Sociales puede ofrecer un itinerario formativo y laboral completo para jóvenes desconectados del sistema educativo.
La orientación educativa, entendida como política comunitaria, es una palanca de transformación social. Permite construir trayectorias vitales con sentido, conectar a las personas con su entorno y garantizar que nadie quede atrás.
Retos abiertos
La generación de recursos desde esta perspectiva es mucho más que una ampliación de la oferta: es una herramienta de cohesión social, inclusión y desarrollo comunitario. Cuando se articula desde el territorio, con una mirada integral y transformadora, puede convertirse en una puerta de entrada a nuevas oportunidades vitales, laborales y personales.
El reto no es solo técnico u organizativo, sino estratégico y político.
Hay que reconocer estos recursos como agentes educativos de proximidad, dotarlos de financiación, conectarlos con el tejido local y situarlos en el centro de las políticas educativas.
Los principales retos abiertos son:
- Promover la continuidad educativa, especialmente en contextos de vulnerabilidad.
- Construir itinerarios formativos con sentido, conectados con el mundo laboral y las aspiraciones personales.
- Reforzar la coordinación interinstitucional entre educación, juventud, empleo, servicios sociales y salud.
- Impulsar una orientación educativa comunitaria, con presencia en los territorios y liderazgo compartido.
- Avanzar hacia una digitalización inclusiva, que empodere y no excluiga.
- Incorporar la perspectiva de género y la interseccionalidad en todas las acciones formativas y orientadoras.
Solo con una visión territorial, sensible a la diversidad y comprometida con la justicia social podremos garantizar que sea una verdadera palanca de transformación. Y esto empieza por reconocer que la educación tiene contexto y que el territorio puede ser el mejor aliado para hacerla posible. Se necesitan herramientas en el territorio con vínculo.
Del aprendizaje juvenil al derecho universal a aprender siempre
Si bien el origen y la urgencia de este modelo de “nuevas oportunidades” se ha centrado históricamente en la población juvenil (especialmente aquella en riesgo de desvinculación o situación de AEP), la lógica que lo sustenta tiene una potencia transformadora que va mucho más allá de una franja de edad específica.
El modelo que proponemos, basado en la personalización, la flexibilidad, la orientación vital y la conexión con el territorio, no debería ser la excepción para jóvenes en situación de vulnerabilidad,
sino la norma para toda la ciudadanía. En una sociedad en cambio constante, donde las transiciones laborales y vitales están convirtiéndose en una constante para todos, las Nuevas Oportunidades deben dejar de ser un dispositivo reparador para jóvenes para convertirse en un derecho universal de acceso al aprendizaje.
Esto implica abrir los recursos:
- Intergeneracionalidad: Los centros de nuevas oportunidades pueden ser espacios donde jóvenes y adultos compartan formación, rompiendo la segregación por edad y enriqueciendo los procesos de aprendizaje (mentoría cruzada, experiencia vs. innovación).
- Recalificación constante (Reskilling): La metodología práctica y modular de las Nuevas Oportunidades es idónea para personas adultas que necesitan reciclarse profesionalmente, independientemente de su nivel de estudios previo.
- Comunidad aprendiz: Cuando un territorio se organiza para ofrecer oportunidades, estas deben estar abiertas a todo el mundo. Una biblioteca, un taller de fabricación digital o un servicio de orientación municipal deben servir tanto al joven que busca su primer camino como a la persona adulta que necesita reinventarse.
En definitiva, trabajar para la población juvenil es la punta de lanza, pero el objetivo final es construir un territorio que funcione como un ecosistema de aprendizaje abierto, inclusivo y permanente para toda la comunidad. Solo así garantizaremos que nadie, tenga la edad que tenga, quede al margen del futuro.





