Rompiendo el ciclo del abandono invisible

Rompiendo el ciclo del abandono invisible: el género en el centro de la lucha contra el AET | Paloma Pontón

España cerró 2025 con una tasa de Abandono Educativo Temprano (AET) del 12,8%, el mínimo histórico de la serie. Este dato, en apariencia bueno, esconde que las soluciones tradicionales ya no dan más de sí: para seguir bajando, hay que empezar a ver lo que hasta ahora ha permanecido invisible.  

El abandono escolar masculino lleva décadas en el radar de las políticas educativas. Suele ser más público y está vinculado al mercado laboral. Actualmente, los hombres presentan una tasa del 15,9% frente al 9,5% de las mujeres. El abandono femenino, sin embargo, es más silencioso. Ocurre en la esfera privada —entre cuidados familiares, maternidades precoces y la ausencia de referentes—, factores estructurales que el sistema educativo no siempre sabe identificar ni gestionar. 

Un cambio de paradigma: de la ceguera al género a la acción estructural 

Para revertir esta situación, no basta con medidas genéricas; es imprescindible transitar hacia un ecosistema de nuevas oportunidades donde la perspectiva de género no sea un añadido, sino un eje transversal. Las jóvenes que abandonan no lo hacen por falta de capacidad; de hecho, el 85,1% de las mujeres de entre 20 y 24 años han completado la segunda etapa de educación secundaria, superando en 9,1 puntos a los hombres. Sin embargo, muchas sufren una fricción constante con un sistema rígido que ignora sus realidades biográficas: desde las cargas de cuidados familiares o maternidades precoces hasta la falta de referentes en sectores masculinizados que desincentiva su permanencia. 

La respuesta debe ser sistémica. Como señala el Marco Estratégico Multiactor de la Fundació Ferrer i Guàrdia (2025), la lucha contra el abandono requiere reducir barreras culturales y mejorar la coordinación de toda la comunidad educativa. El objetivo es pasar de una lógica reactiva —actuar cuando la joven ya ha salido del sistema— a una proactiva, que cuide el vínculo educativo desde la equidad real. Esta mirada proactiva es urgente en territorios como Cataluña, donde la reducción del abandono femenino es mucho más lenta y estable (12%) en comparación con la masculina (15,8%). 

La Guía de Autoevaluación: el mapa para la transformación de los centros 

En este escenario de necesidad de reformas, surge la Guía de Autoevaluación de la perspectiva de género e interseccionalidad como una herramienta estratégica para centros de nuevas oportunidades educativas (NOE), y reproducible en otro tipo de centros y entornos educativos. Su valor no reside en el control, sino en fomentar una cultura de mejora continua y reflexión compartida en los equipos educativos. 

Para que un centro incorpore verdaderamente la perspectiva de género, la guía propone trabajar sobre cinco dimensiones clave: 

  • Marco organizativo: Analiza si la igualdad está blindada en el proyecto educativo, si existen protocolos ante violencias machistas y si el equipo cuenta con formación específica. 
  • Prácticas educativas: Evalúa el uso del lenguaje inclusivo, la revisión de sesgos en materiales y la visibilización de referentes femeninos, especialmente en ámbitos como las STEM. 
  • Orientación y oportunidades: Pone el foco en desvincular el género de la profesión, diversificando la oferta para que las jóvenes exploren itinerarios tecnológicos o industriales sin estigmas. Esto es clave dado que la proporción de chicas en la formación secundaria con orientación profesional sigue siendo menor. 
  • Atención y acompañamiento: Se centra en la detección temprana de obstáculos específicos, como responsabilidades de cuidado o baja autoestima, ofreciendo redes de apoyo personalizadas. 
  • Seguimiento y evaluación: Apuesta por el uso de datos desagregados por sexo y cruzados con variables como el origen o la renta (mirada interseccional) para identificar brechas de género ocultas. 

Un compromiso compartido para romper el ciclo del abandono invisible 

La incorporación de esta mirada de género e interseccional permite que variables como el origen cultural o la clase social se analicen junto al género, garantizando que ninguna joven quede atrás. La flexibilidad, en este contexto, debe entenderse como una respuesta estructural a las condiciones de vida de las alumnas para no perder su talento. 

Para avanzar en esta dirección, conviven ya dos herramientas complementarias: el Marco Estratégico Multiactor, que traza el rumbo desde la coordinación de toda la comunidad educativa, y la Guía de Autoevaluación, que ofrece a los centros de nuevas oportunidades un método concreto para revisar sus propias prácticas, reconocer sus fortalezas y detectar sus áreas de mejora. Solo si los centros NOE se autoevalúan con honestidad y transforman sus estructuras, apoyándose en ambas herramientas, el sistema educativo podrá romper el ciclo del abandono invisible. 

Apoyándose en ambas, el sistema educativo puede avanzar hacia una incorporación más sistemática de la perspectiva de género y consolidar espacios verdaderamente inclusivos. 

Paloma Pontón Merino

Investigadora de la Fundación Ferrer Guardia

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